Skip to Content Skip to Navigation

Proyecto Artifice:

Quinto Domingo del Tiempo Ordinario, 2010

Posted on February 3, 2010 with 0 comments

Readings for February 7, 2010 Fifth Sunday in Ordinary Time

           La primera lectura nos presenta una experiencia y sentimiento profundo e interno, y en muchos casos bien arraigado que con el paso de los años y la observación de la propia vida nos puede paralizar:

«¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, y entre un pueblo de labios impuros habito."

Pero no podremos penetrar en el sentido del mensaje que el Señor quiere darnos a menos que estemos bien dispuestos a guardar silencio interior para escuchar la voz del Señor y también para escuchar nuestra propia voz, es decir, aquello que brota desde lo más profundo de nuestra consciencia.

La experiencia del profeta es una experiencia mística: "vi al Señor sentado en un trono excelso y elevado, y sus alas llenaban el templo." 

Si el profeta tuvo esa visión, fue porque ya llevaba bastante tiempo dedicado a la contemplación de las cosas más sagradas y elevadas. Y su visión es como el fruto de una larga y laboriosa cosecha. El Señor Creador de todo lo creado está más allá de nuestra cpacidad de percepción ordinaria. La visión del profeta viene de una volición divina, es decir, es Dios mismo quien se presenta en la visión del profeta por voluntad de Dios mismo.  El profeta no puede decidir cuando puede tener una visión y cuando no. Es el Señor mismo quien decide cuando y como darse a conocer; además, cuando el Señor deja que su gloria sea vista, lo hace con un fin. Como en el caso que nos ocupa. Dios tiene tres fines. Uno, asegurar al profeta que él no tiene ningún mérito en la visión de la divinidad. El mismo profeta lo expresa cuando exclama: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, y entre un pueblo de labios impuros habito." Es decir, a visión no le llegó como un premio merecido después de ser purificado, sino a pesar de permanecer un hombre de labios impuros, es decir todavía ocupado de los asuntos terrenales.

Segundo, el Señor quiere asegurar al profeta que la purificación la da el Señor, y con ello asegura al profeta y le enseña a confiar, a tener fe, y a creer que ya ha sido purificado; y que es Dios mismo quien lo ha salvado, quien lo ha liberado y quien le ha absuelto de todos sus pecados:

      "Entonces voló hacia mí uno de los serafines con una brasa en la mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar, y tocó mi boca y dijo: «He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado.»

El Señor es compasivo y misericordioso, lento para la ira y rico en misericordia.

Tercero, Dios quiere que el profeta transmita un mensaje: «¿A quién enviaré? ¿y quién irá de parte nuestra»? Entonces, con la fe puesta en las palabras del Señor: Se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado, el profeta responde: «Heme aquí: envíame.» 

 

security code